domingo, 7 de septiembre de 2008

Martes 9 de septiembre: PADRE NUESTRO


Padre nuestro


País: Chile
Año: 2006

Director: Rodrigo Sepulveda

Protagonistas: Luis Gnecco, Francisco Pérez Bannen, Amparo Noguera, Jaime Vadell, Cecilia Roth.

Fotografía: Esteban Courtalón

Música: Ángela Acuña


Padre nuestro, el último trabajo del director chileno Rodrigo Sepulveda, da una mirada a una familia de clase media, que se reúne ante la repentina enfermedad del padre.

Pedro (Luis Gnecco), Roberto (Francisco Pérez Bannen) y Meche (Amparo Noguera) parten apresuradamente desde Santiago hacia Valparaíso, al saber que su padre, Coco (Jaime Vadell) fue hospitalizado. En el camino van conversando sobre él, al mismo tiempo que aprovechan de rememorar antiguas anécdotas familiares. A poco andar nos damos cuenta de que la vida de los tres hermanos ha estado fuertemente marcada por la figura paterna, y en la conversación se empieza a vislumbrar el carácter de esta influencia. Junto a los tres hermanos va Maite (Cecilia Roth), la segunda señora de Pedro, quien es argentina y todavía no logra comprender la gran importancia que ha tenido Coco en la vida de sus hijos.

El inicio de Padre nuestro es un buen indicador del terreno hacia el cual se dirige el trabajo de Sebastián Alarcón. Lo central es mostrar cómo la figura paterna ha marcado la vida de sus tres hijos. A pesar de que los tres son adultos, no han logrado superar una serie de problemas que cargan producto de una vida familiar que parece haber dejado una huella profunda. No sólo los ha afectado el hecho de que el padre haya abandonado a la madre por una mujer más joven, sino que hay otras razones que paulatinamente se irán develando. Bajo la inicial preocupación que expresan todos, comienzan a emerger pequeños juicios con respecto al padre, que progresivamente irán subiendo de tono. A pesar de los problemas del pasado, los tres hijos quieren mucho a su padre. Por esto, la llegada al hospital de Valparaíso es un momento de gran tensión. Allí se enteran de que el prónostico vital no es bueno, por lo que intentan convencer a su madre para que venga a despedirse de Coco. En un momento de descuido, el enfermo decide escaparse del hospital, aprovechando la ayuda del menor de los tres hermanos.En medio de un extraño recorrido por un Valparaíso nocturno, nos damos cuenta de lo vividor y mujeriego que era el caballero. Una visita a un bar de un amigo y a una casa de prostitutas en la que era bastante conocido, nos dan una idea de algunas de las características de Coco.

En estas escenas Jaime Vadell hace gala de un gran histrionismo, que por momentos roza en la exageración, lo cual juega en contra del relato ya que le quita tensión.Uno de los principales problemas de la cinta está dado por el paseo de Coco, que queda un poco descontextualizado en relación con la primera parte de la cinta. El dramático tono del inicio se pierde en esta patética parranda, y sólo se recuperará en los momentos finales de la película, donde vuelve a emerger esa mirada cercana con que el director había logrado retratar de tan buena forma lo más propio de esta particular familia. Uno de los puntos más destacables de la cinta son las actuaciones de Amparo Noguera, Luis Gnecco y Francisco Pérez Bannen, ya que están muy por sobre el promedio de las producciones nacionales. Gnecco demuestra un dominio escénico notable y Noguera da cuenta de todo su profesionalismo, al construir un personaje complejo de manera bastante sobria y contenida. De igual manera Sebastián Alarcón hace gala de un gran oficio al estructurar el relato, logrando que la historia mantenga cierto grado de suspenso en torno a lo que va suceder entre el padre y sus hijos.

Con mano segura y aprovechando un muy buen trabajo de cámara, el director logra que los personajes que rodean a Coco transmitan toda la tensión que representa el hecho de tener todavía temas pendientes con el padre enfermo, las que aún no han podido solucionar.De esta forma el personaje de Coco se convierte en el eje por sobre el cual se desarrolla el relato. Las vidas de sus hijos, por más alejados que estén, están fuertemente marcadas por su figura. En este sentido, la historia muestra cómo el padre, a pesar de todos sus excesos y contradicciones, todavía está presente en la manera en que cada hijo mira al mundo. Una situación que destaca los problemas que puede acarrear una figura paterna hipertrofiada, en desmedro de la figura materna, que muchas veces se convierte sólo en un adorno.

En resumen, Padre nuestro es una interesante cinta, que da cuenta de un director que tiene oficio para filmar. Al mismo tiempo, demuestra cómo un buen guión es un soporte fundamental para realizar una película, ya que por más sencilla y cotidiana que sea la historia, un buen diálogo es capaz de dar una inusitada altura a aquello que se está contando.

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